viernes, 4 de agosto de 2017

SUSURROS EN EL ACANTILADO



Queridos lectores  hoy después de cinco años publicando,  puedo deciros que no cambiaría ni una coma de mi vida. Escribir me ha reportado una gran satisfacción en mi vida, aunque la lucha es grande. Los correctores han perdido la paciencia conmigo, lo sé, no pretendo ser escritora de planeta. No no me he planteado editar con otras editoriales más pequeñas. Pero por azahares de la vida, entre el Romantic Ediciones, para ver las portadas y me encontré la recepción de manuscrito abierta, y lo mande,  solo por probar, sabía que el mismo manuscrito años atrás me lo había despreciado muchas editoriales, no pensaba que tu  viera oportunidad y mi sorpresa fue mayúscula, dos semana después me asestaba el manuscrito. Yo estaba a punto de auto editarla. Tenía la portada echa por la gran Alexia Jorques. Así que voy a editar “Susurro en el acantilado”. Saldrá el catorce de septiembre, con Romantic Ediciones…





jueves, 27 de julio de 2017

SUSURRO EN EL ACANTILADO

Titulo: Susurros en el acantilado.
Aurtora: María González Pineda.
Fecha de publicación 14 de septiembre  de 2017
 Sinopsis:
                      Sinopsis:

Sara Bosch no se imagina las sorpresas que le tiene preparado el destino. Cuando recibe una citación, la joven no puede creer que sea la heredera de su padre, quien creía muerto antes de que ella naciera. Su herencia no es otra que una inquietante casa en un acantilado. Esa casa tiene algo especial y en Sara se despierta un don que conlleva un gran poder que no sabe controlar; eso la llena de ansiedad.

Roberto está dispuesto a cualquier cosa para poder entrar en la casa del acantilado. Cuando en un encuentro accidentado en la playa, conoce a Sara, lo tiene claro: va a enamorarla para acceder a la propiedad. Pero su plan no tarda en desmoronarse. El cazador termina siendo cazado pero ¿será el amor suficiente para renunciar a sus planes?

Déjate seducir por la historia llena de amor y secretos de María González Pineda. 

martes, 27 de junio de 2017

Como iba anunciando, sigo reeditando mis novelas para Amazon Kindler. La portada también la ha realizado Sol Taylor Que ha sabido transmitir en la portada la dulzura de esta historia, Gracias a Sol Por tan Buenas noches.


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MARINA LA ESTRELLA AVENTURERA






viernes, 23 de junio de 2017

El mundo secreto de Tobías

Titulo: El mundo secreto de Tobías
Autora: María González Pineda
Genero: Juvenil  Paranormal
Editorial:  Amazon versión Kindle
 Fecha de publicacion (30 de ostubre de 2014) 

lunes, 5 de junio de 2017

EL ASESINO QUE SURGIÓ DE LA NIEBLA



El asesino que surgió de la niebla
Autora M.G.Pineda

Tapa blanda: 202 páginas
Editor: Independently published (1 de junio de 2017)
Colección: Bruma Oscura
Idioma: Español
ISBN-10: 1521419558

ISBN-13: 978-1521419557


                 
                 SINOPSIS
El Comisario Barton es un hombre amargado, huye de un oscuro y tormentoso pasado que no lo deja avanzar. Lleva dos años en una ciudad donde nunca pasa nada grave. Durante una noche de frío invierno, con la niebla espesa que consumía toda la ciudad, encuentra el cadáver de una joven vestida con extrañas ropas. El Comisario no encuentra ni una sola pista que lo lleve a detener al asesino, eso lo tiene desquiciado. Han pasado días de investigación exhaustiva, sin que aún haya alguna señal para resolver el caso. Esta completamente cansado, esa noche pide una chica de compañía. Cuando abre la puerta, ve a la mujer y se queda atónito, delante de él se encuentra el espectro de la chica del callejón. ¿Qué clase de broma le está jugando el destino?
Realiza la compra en preventa de El asesino que surgió de la niebla: Bruma Oscura I para tu Kindle hoy mismo. 

jueves, 1 de junio de 2017

martes, 2 de mayo de 2017

CON EL CORAZÓN DE EVA

Descubra esta historia novelada de un hecho real.
Que haría si tu única hija muriera en un accidente de tráfico y te pidieran que donaras los órganos. Ana la madre de Eva tiene que enfrentarse a ese dolor. Donar órganos es donar vida entre en esta historia y descubra que la segunda oportunidades también existen


  No hay texto alternativo automático disponible.

viernes, 17 de marzo de 2017

EL ASESINO QUE SURGIÓ DE LA NIEBLA

“Volví a sentir unas inmensas ganas de vivir
cuando descubrí que el sentido de mi vida
era el que yo le quisiera dar”
Paulo Coelho
BRUMA OSCURA
I
Todas las ciudades y los hechos, al igual que los personajes que aparecen en este libro, son fruto de mi imaginación. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
El asesino que surgió de la niebla.
Alan
El timbre del teléfono suena varias veces, mientras me despierto atolondrado por el sueño. El ruido que hace el maldito auricular suena demasiado estridente dentro de mi cabeza. Me levanto de la cama, tambaleante, antes de llegar al teléfono, el cual está en el salón, en una mesita cerca de la puerta de entrada.
Me duelen los ojos, abro y cierro mis párpados varias veces, antes de que se acostumbren a la tenue luz. Miro por la ventana, buscando una brizna de claridad. Tenía la persiana medio bajada, por ella veo la oscuridad de la madrugada, que se cierne sobre la ciudad. Descuelgo el auricular, escucho la voz de mi compañero que me dice:
—Buenas noches comisario, perdone que lo despierte, necesitamos su ayuda.
—No se preocupe por mí, cuénteme, ¿qué ha sucedido? —le pregunto intrigado.
—Un crimen, señor, estamos en la ciudad vieja, en la calle Wine número 35.
—De acuerdo, llegaré dentro de media hora.
—Aquí le esperamos, hasta luego.
Cuelgo el teléfono. Me dirijo al cuarto de baño, tengo que lavarme la cara con agua fría para despertarme del todo. Lo primero que hago es abrir el grifo y recoger un puñado de agua en las cuencas de mis manos, me lo estampo en la cara, cojo la toalla y seco mi rostro mientras me miro en el espejo, con mis ojos de color azul claro. Soy alto, moreno, aunque me parece que por poco tiempo, he visto que tengo una cana, un pelo casi blanco, este acampa a gusto en mi negra cabellera. Tengo más de cuarenta y dos años y creo que no estoy mal del todo.
Miro el reloj, son las cinco de la mañana, me han dado una mala noticia. «¿Quién habrá muerto?», me pregunto mientras me visto.

Soy el comisario Alan Barton. Vivo en Black Mists, es una ciudad grande, por el centro de la misma pasa un río, el cual la divide en dos partes; a un lado, la parte que es muy antigua y vieja, en la cual parece que el tiempo no ha pasado. La otra es más viva y moderna. El río es muy caudaloso, las aguas que lleva tienen un olor pestilente. Tengo la impresión de que en la vieja ciudad es como si nada hubiese evolucionado. Las calles están empedradas, el pavimento es de color oscuro, la humedad que hay sobre el suelo es muy consistente. Los coches no pueden circular por ellas, porque son estrechas y deterioradas.

jueves, 16 de marzo de 2017

MI SECRETO ES MI CONDENA

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Capítulo 9

PUNTO DE ENCUENTRO

La mañana del 20 de Febrero amaneció fría.
Óscar recogió toda la ropa que su hijo le había comprado, la metió en la mochila, tomó un café, recogió la cocina y lo dejó todo limpio y ordenado. Dio una vuelta por aquella casa que había sido su hogar durante tres días. Miró el dormitorio, pensó en su amada Julia y comprobó que tras el tiempo que habían estado separados, veinte años, la seguía queriendo. Sentía el amor en su corazón tan fuerte como el primer día, cuando salía con aquella alo-cada chiquilla, ahora convertida en una mujer hermosa, clásica en el vestir y muy elegante. La recordaba con la camiseta blanca ancha, los pantalones vaqueros rotos y el collar de piedras que le gustaba llevar. Lo que más sentía ahora es que su mirada fuera triste, que su corazón estu-viera vacío. Qué fría sería su vida al lado del maldito con-table que la enamoró para después maltratarla psicológicamente. Hizo una mueca de rabia, suspiró y salió a la calle. Una placita era el punto de encuentro, un coche ven-dría a recogerlo.
Él se preguntaba cómo sería la organización de Mé-dicos Sin Fronteras. Vio que un vehículo blanco que se acercaba, se paró a su altura y un hombre preguntó:
—¿Es usted Óscar?
—Sí, soy yo.
—Monte, le llevó al aeropuerto. En dos horas Sali-mos para Haití.
Subió al coche y este se perdió por una ancha ave-nida.
Un capítulo de su vida había terminado, el próximo estaba en blanco y preparado para ser escrito. Dejó atrás la cárcel, su condena había pasado. ¡Cuánto dolor tuvo que curtir su corazón! Cuando entró en aquella maldita prisión fue el día más triste de su vida; ahora estaba en la calle, salía después de tanto tiempo entre rejas, y tenía la obli-gación de ir en busca de la ansiada libertad. Recordó la desolada mañana en la que ingresó en ella; estaba solo, ignorando los duros días que le quedaban por vivir. Sin embargo, este nuevo viaje lo hacía acompañado de una pa-reja, que ya estaban dentro del vehículo: un joven moreno de unos treinta años y una joven algo menor. Óscar la miró y vio unos ojos curiosos y ansiosos, se dio cuenta que eran unos enamorados.
El joven se presentó:
—Me llamo Emilio.
—Yo me llamo Libertad —añadió la chica.
—Yo soy Óscar —correspondió él.
Y se dijo para sus adentros: “Libertad. Qué maravi-llosa palabra. Qué nombre más bonito y qué mirada más curiosa”.
—¿En qué hospital has trabajado antes? —interrogó ella.
A Óscar no le gustó la pregunta. Era comprometida. Tenía que inventar algo que fuera convincente, no quería decir que había estado en la cárcel. Miró a su alrededor tratando de inventar un argumento que resultara creíble y lo encontró:
—Cuando yo tenía veinte años me tocó en la lotería un gran premio. Mi madre me dijo que estudiara mucho y me saqué cuatro carreras, la última, la de medicina. No tengo problemas, no me faltará el dinero, pues contraté a una abogada que me administra muy bien mis bienes, mi sustento cada año aumenta más. Así que… ¿para qué trabajar?
La joven no preguntó más. Se conformó con aquella respuesta, pero Óscar se quedó con mal sabor de boca por la mentira que había soltado. No le gustó, no estaba acos-tumbrado a hacerlo. Siempre intentaba ser honesto e ir con la verdad por delante. Ahora la pareja pensaría que era ca-prichoso y un malcriado, un niño de papá, en definitiva, un ricachón.
Ya en el aeropuerto se encontraron con el resto del grupo que formaría la expedición. Entre los médicos y las enfermeras había un hombre más mayor, parecía ser quien dirigía.
—¿Usted es Óscar Ruipérez?
—Sí, soy yo.
—No ha practicado la medicina, pero veo que tiene otros estudios.
—Sí, he estudiado psicología, economía y derecho.
—Usted irá con el grupo C. Los del grupo A tenemos que determinar la gravedad cuando lleguemos. Hay epidemia, aunque la prensa ya no escriba nada, ni la televisión apenas ofrezca noticias. Venga, vayan factu-rando el equipaje —comentó el hombre dirigiéndose al grupo—. Nos espera un largo viaje.

viernes, 10 de marzo de 2017

MI SECRETO ES MI CONDENA

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Capítulo 8

UN REGALO MUY ESPECIAL

Por la noche, Íker fue a ver a su padre de nuevo.
—Mira lo que te he comprado, papá, un maletín de doctor. Y mira dentro.
—¿Dentro?
Óscar se quedó de piedra, Íker le había llamado “papá”. Entonces, abrió la bolsa y vio un fonendoscopio.
—¡¡Ooooh!! Gracias, hijo.
Acarició la bolsa y se la llevó a su pecho.
—¡¿Qué sería de un médico sin su herramienta más importante?! —comentó el joven.
Óscar abrazó a su hijo, agradeciéndole el detalle emocionado y con lágrimas de gratitud que salían de sus ojos y resbalaron por sus mejillas.
—He comprado algo de cena —dijo Íker algo cor-tado por la reacción de Óscar—. Vamos a comer, tengo hambre.
—¿Se lo has dicho a tu madre? —preguntó Óscar.
—Sí, ella lo sabe. Venga, vamos, preparémosla.
Óscar lo ayudó a hacer la cena, puso un mantel de cuadros azules y servilletas. Íker había comprado un pollo asado, ensalada y patatas fritas. Óscar se sentía fenomenal al lado de su hijo. ¿Quién lo diría? Antes de Navidad, ni siquiera sabía que lo tenía, y de pronto, ahí estaban. Qué hermosa recompensa tras veinte años de cárcel. Lo miró con amor y ternura. No sabía cómo era el amor de un pa-dre, pero lo que sentía por el joven le gustaba.
En casa, Julia preparaba la mesa para la cena. Su marido, sentado, preguntó:
—¿Y tu hijo?, ¿dónde está esta noche? ¿Qué tiene para no cenar con nosotros?
—Está con unos amigos, en una despedida.
—Tu adorado hijo, cenando con los amigos, está li-bre; no como mi hija, recluida en el centro de la buena educación.
—No empecemos. Lo hemos hablado muchas veces y ese es el único sitio en el que ella aprende.
—Para ti, ella no tiene valor —replicó el contable mirándola con desprecio—. No la quieres. Es un estorbo.
—No digas eso. Ella es muy importante en mi vida. Quiero que se haga una mujer y por eso está en ese centro. Es lo mejor para todos.
—Para ti sobre todo. Así estás menos atada y puedes putear con quien te dé la gana.
—Esta es la enésima vez que me lo dices y, como siempre, te lo repito: “No puteo con nadie” —dijo ella tranquila.
—Lo hago porque ya no te acuestas conmigo y sien-do tan ninfómana como eres, no puedes estar sin un hom-bre que te folle.
Julia tenía que aguantar una y otra vez los insultos de su marido. Hacía tiempo que había tomado la decisión de cambiarse de habitación y él estaba rabioso.
—¿Sabes por qué no me acuesto más contigo? Porque me cansé de hacerme la muerta para ti. Ni en mi cama ni en mi corazón hay ya sitio para ti, y si no quieres aceptarlo, firma el divorcio.
—Eso jamás. No te daré ese gusto. No firmaré nunca, ve acostumbrándote. Siempre serás mi esposa, aun-que no duermas en mi cama y no pueda follarte como me gustaría. ¿Entendido, puta?
Julia calló, no quería seguir con el tema, le daba as-co la forma en que le hablaba, así que cambió de conver-sación.
—El viernes por la tarde tienes que ir por Noelia al internado. La próxima semana tiene vacaciones y yo no puedo recogerla, tengo una reunión importante.
Él le respondió con mala intención.
—No te preocupes, yo iré a por tu estorbo.
Julia respiró hondo para no seguir discutiendo con su marido.


EL ASESINO QUE SURGIÓ DE LA NIEBLA

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jueves, 2 de marzo de 2017

MI SECRETO ES MI CONDENA

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Capítulo 7

ENCUENTRO DE AMOR

Julia estaba deseando que llegara la mañana siguien-te. Tenía una conversación pendiente con Óscar; debía decirle todo lo que pensaba, cuánto había sufrido por su abandono y pedirle perdón por su comportamiento cuando fue a la cárcel.
A la mañana siguiente, le parecía que no llegaba la hora. Cuando su marido se fue, rápidamente llamó a su oficina y Carolina, su secretaria, cogió el teléfono.
—Carolina, voy a llegar un poco más tarde, tengo que recoger una firma para una demanda.
—Muy bien, Julia. No se preocupe.
Metió el teléfono en el bolso, salió a la calle, se su-bió al coche y se dirigió al piso de Íker. El corazón le pal-pitaba a toda prisa, parecía una niña que iba a su primera cita.
Julia llegó a la puerta y abrió con sus llaves.
—Hola…
Él apareció en el umbral del dormitorio y se disculpó automáticamente:
—Siento que me encuentres con este aspecto tan de-saliñado, pero no quiero salir a cortarme el pelo ni afei-tarme.
—No importa. No te preocupes. Voy a estar poco tiempo, solo quería pedirte perdón por mi comportamiento en la cárcel, contigo.
—No hablemos de eso ahora. Lo que quiero es fir-marte un papel, una autorización para que demandes al Estado. La indemnización que recibas debes dársela a tu hijo; es lo único que puedo ofrecerle —añadió con tris-teza—. He pensado irme con Médicos Sin Fronteras una temporada, tengo que alejarme de aquí. Quiero olvidar mi pasado y esa maldita cárcel en la cual he estado veinte años de mi vida.
La firma transcurrió en silencio, luego Julia estudió los documentos y una vez hecho, ella los cogió y los metió en el portafolio.
Sintió que Óscar se le acercaba, notaba su respira-ción. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y su corazón comenzó a galopar descontrolado, más aún cuando sintió su cuerpo contra el suyo.
—¿Por qué no te sueltas el pelo como aquella no-che? —preguntó él en baja voz, a la vez que le quitaba el pasador que sujetaba la melena y metía los dedos por su cabellera. Le movió cada mechón hasta que quedó suelto y fue cayendo sobre sus hombros—. Veinte años llevo re-cordando las horas que te tuve, Julia, mi amor. Cada mi-nuto, cada segundo de esa velada es lo que me ha man-tenido vivo durante este tiempo, sin tocar a otra mujer. Te tenía en mi pensamiento, te visualizaba… Cada noche me preguntaba cómo estabas, qué estarías haciendo… Si me odiarías. Si te acordarías de mí…
La atrajo hacia él y besó sus labios con suavidad, como si fuera una mariposa que se posa en una flor. Sus-piraba. Acariciaba su espalda y sus pechos con delicadeza. Él le dijo, con voz entrecortada por la emoción, el deseo de tenerla por no abalanzarse sobre ella.
—No sé si puedo resistirme, mis anhelos me nublan la rozón y no quiero hacerlo rápido, deseo estar contigo el mayor tiempo posible.
Le bajó la cremallera de la falda, mientras seguía besándola en el cuello, y esta cayó al suelo. Desabrochó los botones de su blusa y, poco a poco, besó sus pechos; Julia callaba, evocando sueños de placer, y Óscar enlo-quecía ante su silente aceptación y el deseo que nublaba la mirada de su amada. Sintiendo el calor de su cuerpo, beso a beso, la atrajo a la cama. Él se tendió y ella quedó en-cima.
—¿Recuerdas aquella noche? Me dijiste que estabas cabalgando hacia las estrellas; ahora yo te digo: quiero ser ese corcel para que llegues al cielo y entregarte una.
Vio cómo Julia contenía su placer. Sus suspiros la ahogaban en el silencio.
—No te reprimas. Grita —gruñó en medio del éxta-sis que lo consumía.
Se dio la vuelta y ella quedó debajo. Acarició, palmo a palmo, todo su cuerpo. Entre susurros y besos se demos-traban el amor que sentían. La pasión los desbordó con an-siedad por tantos años en los que los dos habían ocultado aquel deseo. Dulcemente, entre besos, él le decía:
—Tú tampoco has olvidado esa noche, ¿verdad, Ju-lia?
—Nunca la olvidé, jamás se ha borrado de mi mente. Te quise tanto… que te odié por tu marcha y por todo el amor que por ti sentía.
—¿Y a tu marido? ¿Cómo lo soportas?
—Con mi marido hago como que no estoy, me hago la muerta y me niego a sentir algo. No quiero sentir nada. A él eso parece que le pone más, pero a mí me repugna. No quiero hablar más de eso —rechazó ella tratando de apartar de sus pensamientos imágenes que desearía bo-rrar—. Háblame de ti. ¿Por qué te vas?
—Porque no podría estar aquí viéndote con ese maldito contable.
—Así lo llama mi hijo. —Julia reprimió una sonrisa al ver que ya tenían algo en común, algo que el hijo le había pegado al padre.
—Sí, él me lo enseñó. Me hace gracia cómo lo dice. Además, me moriría de celos viéndote con él y no con-migo—expresó en alto sus más íntimos sentimientos—. El domingo por la mañana me marcho…
—¿Volverás algún día? —El anhelo se percibía en su voz, aunque quisiera ocultarlo.
—Volveré. Creo que sí, pero tardaré. No me voy a olvidar de ti, mi amor. Solo te he querido a ti y no dejaré de quererte en la vida. —Su amor era puro y debía apro-vechar el momento para hacérselo saber—. Si alguna vez puedes dejar a ese hombre, avísame. Vendría volando a tus brazos y no me separaría más de ti en toda mi vida. Si tú y yo pudiéramos tener una segunda oportunidad… si la vida nos uniera otra vez…
Julia se mantuvo un segundo en silencio, luego dijo con voz suave, sabiendo que no podía ocultarle nada:
—Quiero decirte algo: tengo una hija con mi marido, tiene quince años.
Óscar se quedó callado, parecía que no encontraba las palabras adecuada, pero al final dijo:
—Ella sería bienvenida, es tu hija, y yo la querría igual que a mi hijo, la aceptaría con cariño, tener una familia sería lo más grande para mí.
Entre besos y caricias seguían, los dos como si una fuerza los poseyera y los envolviera. Sin cansarse de aca-riciarla, Óscar la tenía junto a él. Debía aprovechar ese momento; quizá, la últimas vez que la tendría entre sus brazos.
—Óscar, tengo que irme —susurró ella—. Quiero darte las gracias por haberme hecho sentir este dulce amor, ser mujer de nuevo… a tu lado. Cuídate mucho allá donde vayas.
Él la miró mientras se vestía. Se levantó y cogió su cara con las dos manos. La besaba una y otra vez, de-seando retenerla a su lado, alargar ese tiempo con ella. Ella lo rodeó por la cintura pero, de pronto, se separó.
—Si no hago un esfuerzo, no me marcharé nunca. Adiós.
Cogió el portafolio y salió corriendo. Ya en el pa-sillo, alisó su pelo con los dedos y en el ascensor se miró al espejo, se recogió el cabello con el pasador y pintó sus labios. Una vez en la calle, temía, por si alguien notaba lo que había sucedido. Su mirada estaba brillante pero no pensó nada más, no debía. Cuando llegó a la oficina, le di-jo a su secretaria:
—Carolina, toma estos documentos y estúdialos con detenimiento, son para una denuncia contra el Estado. Di-me si es suficiente, este hombre no estará presente en el juicio. Se marcha al extranjero —añadió más para sí mis-ma, sin poder ocultar la melancolía.
—Sí señora, es suficiente —respondió sin notar, o tal vez dejando al margen lo que la voz de Julia reflejaba, pues ella no era nadie para meterse en la vida de su jefa. Julia era amable y cariñosa en el trato, pero la relación en-tre ambas era puramente profesional—. Con esto ya pode-mos demandar.
—Pues, entonces, el caso es tuyo. Puedes trabajar en él desde este mismo momento. Tendremos que aportar muchas pruebas y puede que yo tenga que declarar. De momento es esto, empecemos a trabaja en la demanda, que de sobra sé que el proceso tardará hasta que nos den la in-demnización. Además, como te he dicho, con este hombre no podemos contar mientras esté fuera. Somos nosotras sus manos, sus ojos y su boca.
—Gracias por confiar en mí —expresó Carolina—, por darme este caso. Trabajaré bien, se lo aseguro. No ten-drá problemas conmigo.



viernes, 24 de febrero de 2017

MI SECRETO ES MI CONDENA

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Capítulo 6

LA ANSIADA LIBERTAD

Óscar salió fuera, a la calle, notó cómo cerraban las puertas de la prisión a sus espaldas y se quedó de pie un rato, sintiendo cómo el viento acariciaba su rostro. Era casi de día; miraba el azul del cielo. Aquel era el primer día de su libertad.
Dejó que el frío le acariciara, era invierno y la mañana estaba muy fresca. Un taxi se encontraba parado más adelante, pero él no quería cogerlo, tampoco auto-buses. Solo deseaba caminar a cualquier lugar, eso daba lo mismo.
Al llegar a la altura del vehículo, escuchó una voz masculina que salía de este.
—¿Desea que le lleve a algún sitio?
Se quedó parado mirando al muchacho que le ha-blaba, y él le respondió:
—No me puede llevar, pues no tengo dónde ir.
—¡Suba conmigo! Yo le mostraré que sí tiene un lugar donde ir.
Óscar abrió la puerta y allí vio a su hijo. Se sentó a su lado y el taxi se puso en camino hacia un destino que Óscar desconocía. No paró hasta llegar a una calle amplia, una zona nueva, residencial, y apartada del centro de la ciudad, donde se detuvo delante de un pequeño bloque de pisos. Íker pagó, el taxi se fue y él abrió la puerta del por-tal. Subieron a un pequeño apartamento en una tercera planta. Una vez dentro, le dijo a su padre:
—Este piso me lo compró mi madre a escondidas del miserable de su marido.
—Le odias mucho, ¿por qué?
—Mucho más de lo que imaginas —respondió eva-sivo—. Este piso lo tenemos por si, llegado el momento, mi madre o yo lo necesitamos. En fin, dúchate. Voy a comprar algunas cosas. Aquí tienes un albornoz y hay toa-llas limpias en el cuarto de baño.
Óscar vio en la bañera champú y sales de baño. La llenó y se metió dentro. “Qué gusto oler a perfume”, pen-só. Al sumergirse en el agua caliente con tanta espuma se sintió en el paraíso. Estaba tan relajado, que no se percató que hubiera pasado tanto tiempo cuando escuchó a Íker.
—Sal del agua, que se te va a arrugar la piel.
—Perdona, es que se está tan bien. Se me había olvi-dado el placer que proporciona un baño como este.
—Tienes el café listo en la cocina, vamos a desa-yunar. Te espero.
Óscar se secó con la toalla el pelo, que le caía sobre sus hombros, y su larga barba. Se puso el albornoz y fue a la cocina.
—He comprado comida suficiente para estos días. Y ropa, calcetines y calzoncillos —le dijo el muchacho.
—Vaya. Muchas gracias, Íker —balbució Óscar agradecido—. No merezco tanta atención por tu parte.
—No hay de qué.
—Bueno, no será mucho tiempo, tengo planes.
—¿Planes?, ¿y qué planes son esos?, ¿qué vas a hacer?
—Sí, solo estaré aquí hasta el día 20. Por la mañana salgo para el extranjero con una ONG.
—¿Una ONG? —preguntó el chico extrañado—. ¿Y eso?
—El director de la cárcel me ha conseguido un hueco en un proyecto de Médicos Sin Fronteras. Me aconsejó ir con ellos y, la verdad, me pareció estupendo. Es lo mejor para poder adaptarme a una nueva vida y em-pezar a adquirir experiencia como médico.
—Óscar, no te das cuenta, te están quitando de en medio para que no pidas una indemnización al Estado por el error cometido por los jueces y la policía.
—¿Tú crees?
—¡Claro! Cuanto más lejos te tengan, mejor para ellos.
—¿Sí? ¿Piensas que es por eso?
—No es que lo piense, es que estoy seguro; puede que el director se haya dado cuenta de ese error.
—Entonces, debes decirle a tu madre que venga a hablar conmigo, que traiga los papeles necesarios para que yo pueda darle un poder…
—Lo haré, sin duda.
Los dos se quedaron callados y pensativos. Pasados unos segundos, le dijo a su padre:
—Vamos, cómete el pan, está tierno, y el café se en-fría.
Cuando los dos hombres acabaron su desayuno, Íker se levantó de pronto.
—Te dejo, me tengo que ir. Mañana vendrá mi ma-dre, que  yo tengo clase. No te vayas muy lejos de esta zo-na, aquí estás seguro —dijo apretándole el hombro con la mano.
El joven se marchó y Óscar se quedó probándose la ropa que le había comprado su hijo. También encontró una mochila bastante cómoda para viajar.
Mirándose al espejo, se sintió el hombre más afor-tunado del mundo; pensado en el muchacho se dijo que su madre lo había educado muy bien. Era respetuoso, a pesar de todo lo que había sufrido; se había convertido en buena persona, no había dudas de eso. Lágrimas de emoción res-balaron por sus mejillas mezclándose con su barba. Se dijo a sí mismo: “Qué pena no haber sabido nada de él, ni ha-ber estado a su lado cuando nació. No haberle cuidado cuando era niño, no haber podido llevarlo al colegio, qué pena por las noches que no he podido estar para haberle contado un cuento, ni haber podido arroparlo antes de dormir”. Óscar era consciente ahora de lo que se había perdido en los últimos veinte años.
Lentamente, guardó la ropa en la mochila. Quitó las etiquetas y dejó un pantalón, una camisa, una chaqueta, un jersey y los calcetines bien doblados en una silla, listos; aunque no iba a salir, su hijo le había comprado todo lo necesario. Vio, además, en la mesilla un par de periódicos, así que tenía lo suficiente para estar a gusto aquellos tres días que tenía que estar en el piso. Se sentó cómodamente en el sofá, puso la tele y, al cabo de un rato, se quedó dormido sin darse cuenta.

Íker, por la noche, habló con su madre un poco turbado, no sabía cómo ella podía ser racional.
—Mi padre ya está fuera de la cárcel, está en el piso y desea verte; se marcha el día 20 con Médicos Sin Fron-teras. Llévate unos documentos, pues quiere firmarte un poder.
—¿Y eso? ¿Cómo ha sido?
—Mamá, esta noche tengo que estudiar. Ve mañana y que él te lo cuente con todo detalle.
—Vale, hijo. No te molesto, estudia —cortó Julia aturdida por la nueva información.